Spot con/sentido\

Posted in espasmos mioclónicos with tags , , , , , , , , , on 28 octubre 2008 by puller

Para los que quieran saber porque la publicidad es mi vocación…

Amistad sin límites

Posted in espasmos mioclónicos with tags , , , , , , , , , , , on 15 octubre 2008 by puller

Siempre quise tener uno. Grande, tan alto que pudiera cabalgar sobre su lomo. Con la piel tersa y suave, una larga melena en la que hundir las manos y esa fiereza y elegancia en su porte…

No, no es un sueño homosexual no confesado. En realidad, solo es el sueño de un chiquillo, compartido, supongo, por millones de otros chiquillos que se hayan tragado películas tan diversas como las Crónicas de Narnia, Atari, Nacida Libre o El Rey León. Siempre quise tener un león.

Es de esas cosas que sabes que no sucederán, sencillamente siempre supiste que era imposible. “¡¿Como voy a tener un león?!” Eso solo pasa en la tele. Nadie puede tener un animal de semejante tamaño y peculiar origen en su casa, como el que tiene un lirón careto en una jaula… pero eso no te impide soñarlo.

Que me apasionan los animales, la naturaleza y el campo, no es ningún secreto: cualquiera que me conozca mínimamente sabe que cambio el ladrillo por los pinos cada vez que tengo ocasión. Pero de entre todos los animales, el león (con permiso de la majestuosa águila real) es el que más me hipnotiza. Desde la ternura de sus cachorros (he tenido la suerte de jugar con crías de león albinas, prometo colgar las fotos, sobre todo para mis lectoras más tiernas… :P), hasta su altanería, su realeza, su superioridad. El león sabe que no tiene rival en el mundo animal. Es el más poderoso, el soberano. Custodiado por sus hembras, un león es invencible. Y sin que le custodien, me atrevería a decir que también.

Y cuento todo esto porque me he enternecido. A veces pasa que, navegando uno despreocupado, da con una foto, un video, o una presentación de power point (nota aclaratoria: las odio) que le toca la fibra. A mi me ha llegado la historia de Christian.

A finales de los años 60, Anthony y John, dos amigos australianos que residían en Londres, decidieron comprar un león y criarlo en su casa. Lo llamaron Christian. Pero el felino pronto dejó de ser un gatito para convertirse en un gatazo, y con gran pesar, tuvieron que dejarlo en libertad en un parque nacional de África. Un año después, John y Anthony seguían echando en falta a su peludo compañero, y decidieron ir a visitarlo. Al llegar allí, los guardas del parque nacional les advirtieron de que el león, tras un año en estado salvaje, era muy improbable que los reconociera, que ya comandaba su propía manada, y les dijeron que era muy peligroso acercarse para intentar acariciarle. Anthony y John tomaron la decisión de arriesgarse…

Esto es lo que pasó.

El camino del diferente

Posted in espasmos mioclónicos with tags , , , , , , on 7 octubre 2008 by puller

En el mundo en el que vivimos, hay algo que se castiga más que ninguna falta: ser diferente, nadar río arriba, elegir el camino con baches.

El mundo es un lugar en el que las personas se asemejan más a un rebaño de lanudas ovejas que a un grupo de seres racionales, en el que los medios de comunicación nos agrupan y nos polarizan, nos conducen como a autómatas, un sitio en el que atreverse a pensar, a reflexionar, a cuestionarse lo establecido, aterroriza por el temor a ser marginado, condenado al ostracismo social.

En este mundo de tendencias de masas, es esperanzador y bonito ver que quedan formas diferentes de caminar, formas distintas de ver la realidad. Apple se ha caracterizado siempre por ir contrasistema, luchando contra ese monopolio omnidestructivo que simbolizan Microsoft y sus lamentables sistemas operativos, Windows.

Antes de nada resolveré todas las dudas posibles: soy un cliente y seguidor fiel, y satisfecho, de la empresa de la manzanita. Pero trato de ser lo más imparcial posible, porque ni el señor Jobs ni el señor Gates me pagan para que les haga la pelota, y no me caso con nadie.

La empresa fundada por Steve Jobs siempre contempló la informática como algo más que ordenadores, y los ordenadores como algo más que meras cajas llenas de códigos y electrónica. Apple aportó la belleza, el diseño, la estética y el gusto por el consumidor. Aportó el calor donde solo había hielo en forma de ventanitas.

En Apple no les importó que Microsoft se llevará nueve trozos del pastel, mientras pudieran llevarse uno, pero diferente. No les importó que Bill Gates y sus socios se hicieran los hombres más ricos del planeta, porque el fin no justificaba los medios.

Es cierto que tienen mucho que mejorar, como su elevado precio (posiblemente debido a una demanda menor que empuja a una producción más pequeña, y a una calidad mayor de los productos), o esas protestas de ciertos grupos ecologistas contra los materiales que emplean. Hay cosas que pulir, no cabe duda, pero el mundo no sería, a día de hoy, lo mismo sin los iPod, los iPhone, los Macbook, y otra serie de maravillas tecnológicas nacidas de la casa de la manzana.

Y he venido a soltar todo este rollo porque he visto hoy, gracias a una amiga, el anuncio que Apple hizo en 1984 (cuando la publicidad era muy diferente a lo que es hoy en día) para promocionarse, para darse a conocer. Hace 24 años no se sabía de iPhones, de iPods, de Macbooks ni de nada parecido, pero ya tenían la filosofía bien definida: piensa diferente, aunque te haga ganar menos dinero. Sé diferente, y quizás hagas algo que merezca la pena. ¿Qué pensáis?

Descolocado (Batiendo el tiempo, IV)

Posted in cardiosueños with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 19 agosto 2008 by puller

– …Jacques de Molay… Soy el Gran Maestre de la Orden de los Pobres… Caballeros de Cristo… Ayudadme, os lo ruego…

¿Jacques de Molay? Aquel hombre había perdido el juicio. ¡El Gran Maestre de Molay fue ajusticiado en París el 18 de Marzo de 1314! Menudo pirado… empecé a cuestionarme si no sería preferible dejarle colgado…

– Señor, lamento decirle que eso que dice… es imposible. ¡Jacques de Molay murió hace casi 600 años! El papa lo quemó en Paris por…
– Es evidente, caballero… que no estoy muerto… no… todavía… pues estáis hablando conmigo. Tomad mi espada… usadla.

¿Que espada? ¿De qué demonios hablaba ese hombre? Aquello estaba vacío, no había ninguna maldita espada… pero sí, allí estaba, delante de mis narices. Debajo de la capa, oculto, reposaba en el suelo un largo mandoble, de hoja clara que brillaba a la luz de las antorchas. La larga empuñadura estaba ornada con multitud de detalles que, pese a la oscuridad, pude adivinar: la cruz templaria en la hoja, repetidas veces, y al final del mango… era una espada de más de 600 años… aquello era… absolutamente imposible. Parecía reciente, usada, pero no de más de 15 años. Me agaché a cogerla… y aquello fue lo último que vi.

Asustando al huracán

Posted in realidades oníricas with tags , , , , , , , , on 10 agosto 2008 by puller

El camino era largo, sinuoso, como una serpiente interminable. El viejo Jeep iba todo lo rápido que podía persiguiendo aquella furgoneta blanca. A su derecha, un amenazante precipicio no invitaba precisamente a asomarse para ver el fondo. A la izquierda de la vía, espectacular, una pared vertical de piedra caliza cuyo final se escondía tras las nubes. Nubes que, a medida que ascendían, se tornaban más oscuras.

Cada vez circulaban a más velocidad. Y entonces, la furgoneta blanca se atravesó bruscamente en el camino, paró en seco, y sus ocupantes salieron corriendo hacia sus perseguidores. ¿Qué pasaba, porqué corrían?

Era el cielo. Negro como el tizón, se había formado un tornado todopoderoso, que arrasaba todo aquello que había a su paso. Intentaron dar la vuelta pero… ya era tarde. El viento les había alcanzado. Aquel chico la agarró con fuerza a ella, con su brazo derecho, y con el izquierdo se agarró al coche, justo en el momento en el que la furia de la tormenta los arrastró hacia su corazón, altos, altos… no sabían muy bien cuanto tiempo habían estado suspendidos en el aire cuando volvieron a caer a tierra. Esa otra pobre chica que los acompañaba se partió la columna en la caída, pero tanto él como ella estaban bien. Se levantó y se dio cuenta de que ella se había desmayado. La cogió entre sus brazos y corrió, la tormenta no había cesado. Tres compañeros y el guía corrían con ellos. Al llegar a la tercera curva, la tormenta los volvió a alcanzar a todos. A instancias del guía, se pegaron contra la pared, lo más arrimados a ella que pudieron. Él no la soltaba a ella. El ojo del huracán se colocó entonces justo sobre ellos, dispuesto a soltar toda su rabia climatológica. Pero algo lo detuvo.

El chico se giró y vió a uno de sus compañeros recostado boca arriba, mirando a la tormenta y girando un paraguas. ¿De dónde lo habría sacado? Sus manos estaban iluminadas por una luz blanca, y su movimiento parecía… parecía poder controlar la tempestad, detenerla, sujetarla. Sin saber qué impulso le estaba llevando a hacerlo, el muchacho la dejó a ella, suave y delicadamente, en el suelo, tendida, y se puso en pie. Arrastró sus temblorosas piernas a mitad del camino, levantó las dos manos con decisión y apretó los puños. Podía sentir como tenía aquella tormenta agarrada entre sus dedos. ¿Era eso posible? Entonces, hizo el movimiento de arrojar algo al precipicio, como el que sujeta algo con las dos manos y lo lanza… y la tormenta cayó hasta lo más profundo del abismo. El cielo se quedó lleno de estrellas, que contemplaban lo acontecido con asombro. ¿Qué había sido aquello? Ni él mismo lo sabia. Pero ella estaba a salvo.

Se giró e ignoró las miradas estupefactas de sus compañeros. No sabía muy bien por qué, pero él no estaba sorprendido por su titánica hazaña. Antes de que el guía pudiera preguntarle cómo lo había hecho, la cogió a ella entre sus brazos de nuevo, mientras le miraba a él con unos ojos bien grandes, entre agradecidos, maravillados y emocionados, como quién mira a un superhéroe. Él la abrazó a ella, la devolvió la mirada, y, sonriendo, se la llevó volando.

El extraño torturado (Batiendo el tiempo, III)

Posted in cardiosueños with tags , , , , , , , , , , , , , , , on 30 julio 2008 by puller

Allí ya no estaba. La abertura que hace unos minutos me había permitido acceder a la tétrica escena, había desaparecido. Pensé que podría haberme desorientado en la oscuridad y por mirar hacia arriba, así que giré una, dos, tres veces sobre mí mismo. Nada. Muros de imperceptible final que se elevaban amenazantes, imponentes, hasta el oscuro techo. ¿Y ahora como salgo de aquí? – me pregunté ligeramente desesperado. Había escapado de situaciones semejantes anteriormente, es cierto, pero esta vez algo no me olía tan bien, una sensación minaba mi autoconfianza. Aporreé con fuerza cada uno de los ladrillos de las cuatro paredes. Inmóviles. La única solución era intentar contactar con Lora, para que me llevase de vuelta a casa. Pero si hacía eso, aquel hombre moriría. Menudo dilema, si me quedaba, moriríamos los dos. Pensé que, con suerte, puede que tuviera energía para regresar después a salvarle… Así que agarré mi reloj, introduje la clave y me dispuse a pulsar el botón de “Envío”…

– ¿Quién sois?

La lúgubre voz me sobresaltó como si me hablara el mismísimo Atila desde su tumba. De dónde diablos venía… Miré a todos lados.

– Aquí arriba…

¡Pues claro! ¡era aquel infeliz torturado! Me di la vuelta y miré hacia donde él se encontraba.

– ¡Hola! ¿Estás bien? Me llamo C. J. Sánchez-Fontán, y creo que estoy atrapado contigo en esta acogedora habitación.
– ¿Fontanne? Vaya un nombre peculiar… ugh… necesito que…
– ¡No te muevas! Voy a bajarte de ahí, pero no te muevas o tu proceso de… vaciado se verá acelerado drásticamente…

Mi anónimo compañero de cuarto empezaba a impacientarse. Se movía y removía colgado de sus cadenas, posiblemente a causa de un dolor creciente. Cada vez goteaba más… la aguja del reloj se aceleraba. Necesitaba pensar rápido, o me quedaría sin alguien que me diera conversación. La idea, allí dentro, era aterradora. Correteé por la estancia, buscando algo con que trepar, enganchar o tirar de mi compañero, algo para cortar sus cadenas… pero aquello estaba más vacío que la cuenta corriente de mi fiel Joey. Me movía como un pollo sin cabeza. Necesitaba parar y usar mi inteligencia. La misma que me había llevado a estar allí atrapado… su fiabilidad no salía muy reforzada de aquello…

– Debajo de la capa…

¿La capa?

– ¿Qué capa?
– Esa… la… prenda blanca. Mi capa…

¡Claro! Quizá fuera lo suficientemente larga para tirársela y que me sujetara mientras trepaba hacia él. Era arriesgado pero… no quedaba más remedio. Cogí aquella prenda nívea y me dispuse a lanzársela a mi afectado nuevo amigo cuando vi un símbolo en la tela… ¿qué era aquello rojo? era… ¿una cruz? Sin duda, era una cruz… ¿Una cruz… templaria?

– ¿Es esto una cruz templaria? ¡Oye! ¿Quién eres?
– Pues claro que lo es… soy…
– ¿Quién? – empezaba a desesperarme. ¿Qué hacía un templario allí? ¿Era un loco disfrazado o…?
– Mi… mi nombre es…

Nadie, la historia olvidada_I

Posted in cardiosueños with tags , , , , , , , , , , , , on 29 julio 2008 by puller

Luz blanca. No veo nada. ¿Qué suena? ¿Qué es ese ruido? Me duelen los ojos como si cien soles me enchufaran a la vez. ¿Dónde leches estoy? Eh, hay alguien hablando. Le oigo, ¿qué dice? Parece que la luz está bajando, ya no me duele tanto. Eh! Ahí veo una silueta, aunque está borrosa…

– ¡¡HOLA!! ¿Hay alguien ahí? ¡Necesito ayuda! ¿Hola? ¿Me oye alguien?

No me contesta nadie… La verdad es que tengo la sensación de que apenas se han movido mis labios. Pero estoy gritando con todas mis fuerzas… ¿¡qué coño pasa? Al fin veo algo mejor, pero sigue estando todo borroso. Aquí hay alguien, me está mirando.

– ¿Quién coño eres? ¿Qué me has hecho?

Un buen bofetón quizá le haga contestar. Espera, mi brazo no se mueve. ¿Estoy paralítico, tetrapléjico o algo así? Ya puedo verle, es un médico. O un científico, el tío lleva una bata blanca. Me estoy mosqueando…

– ¡Suéltame coño! ¡No me toques!

– Parece que se mueve. El sensor revela consciencia limitada. Mire, ha movido los dedos.

– Doctor, está moviendo los labios… murmulla… no entiendo lo que dice.

– ¿¡Pero no oyes mis gritos!? ¡Esto es ridículo!

– Doctor, está despierto.

– Sí, eso parece.

Vaya dos aguilillas. ¿Y éstos han estudiado medicina para esto? ¡Claro que estoy despierto! ¡Soltadme joder!

– Enfermera, dígale a Docks que nuestro querido ciento siete se está despertando. Querrá estar presente.

¿Ciento siete? Pero que cojones… ¡me llamo…! ¡me llamo…! ¡soy…! esto… no puede ser… ¿cómo me llamo? ¿quién soy?