Amistad sin límites
Siempre quise tener uno. Grande, tan alto que pudiera cabalgar sobre su lomo. Con la piel tersa y suave, una larga melena en la que hundir las manos y esa fiereza y elegancia en su porte…
No, no es un sueño homosexual no confesado. En realidad, solo es el sueño de un chiquillo, compartido, supongo, por millones de otros chiquillos que se hayan tragado películas tan diversas como las Crónicas de Narnia, Atari, Nacida Libre o El Rey León. Siempre quise tener un león.
Es de esas cosas que sabes que no sucederán, sencillamente siempre supiste que era imposible. “¡¿Como voy a tener un león?!” Eso solo pasa en la tele. Nadie puede tener un animal de semejante tamaño y peculiar origen en su casa, como el que tiene un lirón careto en una jaula… pero eso no te impide soñarlo.
Que me apasionan los animales, la naturaleza y el campo, no es ningún secreto: cualquiera que me conozca mínimamente sabe que cambio el ladrillo por los pinos cada vez que tengo ocasión. Pero de entre todos los animales, el león (con permiso de la majestuosa águila real) es el que más me hipnotiza. Desde la ternura de sus cachorros (he tenido la suerte de jugar con crías de león albinas, prometo colgar las fotos, sobre todo para mis lectoras más tiernas…
), hasta su altanería, su realeza, su superioridad. El león sabe que no tiene rival en el mundo animal. Es el más poderoso, el soberano. Custodiado por sus hembras, un león es invencible. Y sin que le custodien, me atrevería a decir que también.
Y cuento todo esto porque me he enternecido. A veces pasa que, navegando uno despreocupado, da con una foto, un video, o una presentación de power point (nota aclaratoria: las odio) que le toca la fibra. A mi me ha llegado la historia de Christian.
A finales de los años 60, Anthony y John, dos amigos australianos que residían en Londres, decidieron comprar un león y criarlo en su casa. Lo llamaron Christian. Pero el felino pronto dejó de ser un gatito para convertirse en un gatazo, y con gran pesar, tuvieron que dejarlo en libertad en un parque nacional de África. Un año después, John y Anthony seguían echando en falta a su peludo compañero, y decidieron ir a visitarlo. Al llegar allí, los guardas del parque nacional les advirtieron de que el león, tras un año en estado salvaje, era muy improbable que los reconociera, que ya comandaba su propía manada, y les dijeron que era muy peligroso acercarse para intentar acariciarle. Anthony y John tomaron la decisión de arriesgarse…
Esto es lo que pasó.
16 Octubre 2008 a 9:36 pm
Idem idem idem, pero yo quería un tigre (más grande, más hermoso y más independiente *o*)
Qué bonita historia… , ¡ y que siga habiendo por ahí retrasados que se empeñen en decir que los mamíferos ni sienten ni padecen ! Tienen emociones, memoria y carecen de esa conciencia de sí mismos que le hace al hombre creerse tan “superior” e interfiere en la relación con el resto de la naturaleza (de la que ya no se creen formar parte…).
PD: ¡¡quiero ver esas fotoooooos !!
16 Octubre 2008 a 10:38 pm
Pensar que el hombre ha llegado de otro planeta y se ha metido con una pinza en la naturaleza es como negar que el sol brilla: una estupidez.
Los tigres también me gustan, pero el sentimiento de superioridad del león me resulta tremendamente atractivo ^^
P.D.: las tengo en el ordenador escacharrado, en cuanto las recupere las pongo. Prometido.
23 Octubre 2008 a 9:48 pm
Ya… yo prefiero el aura misteriosa y solitaria del tigre antes que el león gobernando su harén y dedicándose a la buena vida… xD Será que lo veo demasiado machista…
Va, esperaremos a que lo resucites
10 Noviembre 2008 a 2:00 am
Ojala me pase a mi lo mismo con mi capuchino de cara blanca!!… pasará? quien sabe, lo único que sé es que un animal puede dar a veces más cariño que una persona y eso me parece increible. También hay que decir que gracias a esos animalitos ya sea un leon, tigre, perro o un mono nos hemos sentido acompañados y siempre hemos sabido que ahi teniamos a un amigo…
exo de menos a Agus!!
10 Noviembre 2008 a 2:03 am
Tu monito te reconocerá seguro el día que te vuelva a ver, no me cabe duda.
Y por cierto, ¡¡te olvidas de las tortugas de tierra!! Esas dan un cariño también indescriptible…
Pero es cierto, el cariño y fidelidad de los animales hacia sus amos ha sido histórico, desde los caballos del medievo, a los perros en la prehistoria…
Grandes amigos
12 Noviembre 2008 a 11:06 pm
Entonces no te los cargues, ¡¡cazador!!
12 Noviembre 2008 a 11:42 pm
Venga ya, no me creo que seas así de simple…